|
Esta sección tiene como objetivo
entregar un espacio donde podamos reflexionar sobre distintos
temas, que contribuyan al desarrollo personal. A partir de
un artículo escrito por un profesional de Pro-XXI o
invitado, esperamos abordar temas de tu interés y recibir
también comentarios al respecto, que permitan ir profundizando
en los contenidos futuros.
Tienes
un E-Mail
Por
María Elisa Salah. Psicóloga
Mucho se habla que el siglo 21 es el siglo
de las comunicaciones, sin embargo, hay signos evidentes que
estamos viviendo en una época donde cada vez es más
difícil comunicarse con los otros y con nosotros mismos.
Sería interesante preguntarse cuando
fue la última vez que escribimos una carta a una persona
de puño y letra. Esa instancia donde nos sentamos a
estar en contacto con una persona lejana, nos abre a un proceso
de comunicación tanto con ella, como con nosotros mismos.
Simbólicamente hacemos un espacio en nuestra mente
donde el otro es nuestro interlocutor y receptáculo
de una serie de pensamientos, que tienen que ir desde nuestro
cerebro a nuestra mano, y de ella a un papel. El tiempo de
elaboración seguramente se alarga por nuevas ideas
que surgen y queremos expresar mientras estamos escribiendo,
así la persona ausente se hace un interlocutor cada
vez más presente y facilitador de introspección.
El hecho de que el antiguo correo se demore unos días
e incluso unas semanas en llevar nuestro mensaje a destino,
hace que ese espacio de tranquilidad y comunicación
sea también un encuentro con nosotros mismos en el
momento que escribimos la carta y cuando esperamos respuestas,
todas sus líneas son recurrentemente repasadas y revisadas
con el fin de hipotetizar como se recibió nuestro mensaje
y la respuesta que de él recibiremos (lo que da cuenta
de un proceso de constante revisión interna y detenerse
para contactarse con lo que nos está pasando).
Hoy en día se está viviendo
la era de Internet y el correo electrónico. Con esa
herramienta se están evitando enormes costos en tiempo
y dinero, las comunicaciones con el resto del mundo pasa a
ser cosa de segundos. El punto de reflexión al que
podríamos llegar es preguntarnos: ¿de qué
manera se están llevando a cabo todos los procesos
de elaboración que, con el antiguo correo, nuestra
mente se permitía o estaba obligada a tener?. Más
bien, preguntémonos cómo la era informática
está permitiendo comunicarnos con nosotros mismos.
En el transcurso de recibir y mandar nuestro correo electrónico
¿cuánto tiempo pasa para que pensemos en qué
vamos a escribir, cómo lo vamos a hacer y mandarlo?
Muchas veces nos sorprendemos de lo rápido que somos
capaces de escribir una respuesta a un correo recibido, sin
pensar antes en qué vamos a escribir.
El tema de los correos es sólo
un ejemplo que podemos extrapolar a muchos otros ámbitos
en nuestra vida cotidiana. Hagamos un repaso a nuestro día:
¿cuántas horas trabajo y cuántas horas
estoy en mi hogar? De las horas que trabajo, ¿cuántas
horas estoy en contacto con otros y cuántas horas paso
frente al computador? Del tiempo en que estoy con otro ¿cuánto
tiempo me dedico a escuchar y cuánto tiempo me dedico
a hablar?. Podemos producir, trabajar, optimizar el tiempo,
sin embargo, todas las ventajas que hoy tenemos en nuestra
era moderna, ¿en pos de qué la estamos aprovechando?
¿ más trabajo, más producción,
menos tiempo familiar y de distensión?
Si nuestra época es de consumo
y producción, asumamos todo lo que implican estas características:
más trabajo, mayores avances tecnológicos que
nos permitan eficiencia, empresas más exigentes, quizás
un mejor nivel de renta. Sin embargo, no podemos cegarnos
a los riesgos de este estilo de vida. El hombre de esta época
se está quedando solo; es autosuficiente, descuida
sus vínculos en pos de una mayor productividad, puede
comunicarse en forma automática.
A pesar de tener todos los avances al
alcance de su mano, carecemos de los medios que nos ayudaban
a tener un contacto más profundo con los demás
y con nosotros mismos. No estamos diciendo que hoy no hay
contacto, sino que la cualidad del contacto es la que ha cambiado.
Hoy tenemos menos tiempo porque hay muchas más cosas
que hacer y producir, hay mayores ventajas para comunicar
(incluso puede mandarse un mismo mensaje para muchas personas)
y menos tiempo para preocuparse de qué nos está
pasando, bombardeados por todos los estímulos que constantemente
recibimos de nuestro exterior. No hay menos comunicación
y contacto, puede que incluso tengamos más conocidos
vía Internet, sino que el punto es la profundidad de
esas interacciones, ¿las podemos comparar con nuestros
interlocutores vía carta tradicional?.
Posiblemente toda la demora de la época
pasada nos ayudaba a mirar más al otro y a nosotros
mismos. El proceso obligaba a no estar pensando en las muchas
cosas en las que teníamos que rendir y nos permitía
detenernos a reflexionar. Quizás nos dábamos
cuenta antes de la pena que teníamos o del estrés
al que estábamos sometidos, sin necesidad de recurrir
a un tercero que nos diagnosticara una depresión o
exceso de trabajo cuando ya el cuadro está desencadenado.
Es probable que en épocas pasadas necesitáramos
más de la ayuda de nuestro compañero de trabajo
para solucionar nuestros problemas, lo que podía traducirse
en una relación de mayor confianza y contacto en el
futuro. Lo importante es que hoy hagamos una pausa y pensemos
cómo estamos aprovechando la tecnología que
está a nuestra disposición. ¿Estamos
ocupando las facilidades que otorga nuestra época como
un elemento de calidad de vida, o como un factor más
de aumento de estrés?
Quedan las preguntas planteadas, quizás
sea un buen ejercicio de reflexión acordarse de algún
amigo que resida en el extranjero y escribirle una carta.
Recomendamos usar todos los elementos de una carta a la "antigua".
Busque un papel especialmente pensando en su interlocutor,
use un lápiz preferentemente a tinta, opcionalmente
puede lacrar el sobre. Lo que es fundamental es que lleve
en persona su carta al correo y le elija una estampilla, péguela
y échela al buzón. Posteriormente evalúe
todos los pasos que siguió (pensando siempre en el
destinatario), y compare el nivel de profundidad del proceso
con respecto a sus cotidianos correos electrónicos.
Puede que se lleve una sorpresa.
|