Mujer y Maternidad
Tienes un E-mail
Con la mano en el corazón
Eres Asertivo?
Por qué trabajamos?
¿Cómo hacer de las crisis una oportunidad para crecer?
¿Virus Informáticos o Virus Personales?
¿Examen de Pelo?
Me despidieron en Diciembre ¿qué hago?


Esta sección tiene como objetivo entregar un espacio donde podamos reflexionar sobre distintos temas, que contribuyan al desarrollo personal. A partir de un artículo escrito por un profesional de Pro-XXI o invitado, esperamos abordar temas de tu interés y recibir también comentarios al respecto, que permitan ir profundizando en los contenidos futuros.  

Tienes un E-Mail

Por María Elisa Salah. Psicóloga

Mucho se habla que el siglo 21 es el siglo de las comunicaciones, sin embargo, hay signos evidentes que estamos viviendo en una época donde cada vez es más difícil comunicarse con los otros y con nosotros mismos.

Sería interesante preguntarse cuando fue la última vez que escribimos una carta a una persona de puño y letra. Esa instancia donde nos sentamos a estar en contacto con una persona lejana, nos abre a un proceso de comunicación tanto con ella, como con nosotros mismos. Simbólicamente hacemos un espacio en nuestra mente donde el otro es nuestro interlocutor y receptáculo de una serie de pensamientos, que tienen que ir desde nuestro cerebro a nuestra mano, y de ella a un papel. El tiempo de elaboración seguramente se alarga por nuevas ideas que surgen y queremos expresar mientras estamos escribiendo, así la persona ausente se hace un interlocutor cada vez más presente y facilitador de introspección. El hecho de que el antiguo correo se demore unos días e incluso unas semanas en llevar nuestro mensaje a destino, hace que ese espacio de tranquilidad y comunicación sea también un encuentro con nosotros mismos en el momento que escribimos la carta y cuando esperamos respuestas, todas sus líneas son recurrentemente repasadas y revisadas con el fin de hipotetizar como se recibió nuestro mensaje y la respuesta que de él recibiremos (lo que da cuenta de un proceso de constante revisión interna y detenerse para contactarse con lo que nos está pasando).

Hoy en día se está viviendo la era de Internet y el correo electrónico. Con esa herramienta se están evitando enormes costos en tiempo y dinero, las comunicaciones con el resto del mundo pasa a ser cosa de segundos. El punto de reflexión al que podríamos llegar es preguntarnos: ¿de qué manera se están llevando a cabo todos los procesos de elaboración que, con el antiguo correo, nuestra mente se permitía o estaba obligada a tener?. Más bien, preguntémonos cómo la era informática está permitiendo comunicarnos con nosotros mismos. En el transcurso de recibir y mandar nuestro correo electrónico ¿cuánto tiempo pasa para que pensemos en qué vamos a escribir, cómo lo vamos a hacer y mandarlo? Muchas veces nos sorprendemos de lo rápido que somos capaces de escribir una respuesta a un correo recibido, sin pensar antes en qué vamos a escribir.

El tema de los correos es sólo un ejemplo que podemos extrapolar a muchos otros ámbitos en nuestra vida cotidiana. Hagamos un repaso a nuestro día: ¿cuántas horas trabajo y cuántas horas estoy en mi hogar? De las horas que trabajo, ¿cuántas horas estoy en contacto con otros y cuántas horas paso frente al computador? Del tiempo en que estoy con otro ¿cuánto tiempo me dedico a escuchar y cuánto tiempo me dedico a hablar?. Podemos producir, trabajar, optimizar el tiempo, sin embargo, todas las ventajas que hoy tenemos en nuestra era moderna, ¿en pos de qué la estamos aprovechando? ¿ más trabajo, más producción, menos tiempo familiar y de distensión?

Si nuestra época es de consumo y producción, asumamos todo lo que implican estas características: más trabajo, mayores avances tecnológicos que nos permitan eficiencia, empresas más exigentes, quizás un mejor nivel de renta. Sin embargo, no podemos cegarnos a los riesgos de este estilo de vida. El hombre de esta época se está quedando solo; es autosuficiente, descuida sus vínculos en pos de una mayor productividad, puede comunicarse en forma automática.

A pesar de tener todos los avances al alcance de su mano, carecemos de los medios que nos ayudaban a tener un contacto más profundo con los demás y con nosotros mismos. No estamos diciendo que hoy no hay contacto, sino que la cualidad del contacto es la que ha cambiado. Hoy tenemos menos tiempo porque hay muchas más cosas que hacer y producir, hay mayores ventajas para comunicar (incluso puede mandarse un mismo mensaje para muchas personas) y menos tiempo para preocuparse de qué nos está pasando, bombardeados por todos los estímulos que constantemente recibimos de nuestro exterior. No hay menos comunicación y contacto, puede que incluso tengamos más conocidos vía Internet, sino que el punto es la profundidad de esas interacciones, ¿las podemos comparar con nuestros interlocutores vía carta tradicional?.

Posiblemente toda la demora de la época pasada nos ayudaba a mirar más al otro y a nosotros mismos. El proceso obligaba a no estar pensando en las muchas cosas en las que teníamos que rendir y nos permitía detenernos a reflexionar. Quizás nos dábamos cuenta antes de la pena que teníamos o del estrés al que estábamos sometidos, sin necesidad de recurrir a un tercero que nos diagnosticara una depresión o exceso de trabajo cuando ya el cuadro está desencadenado. Es probable que en épocas pasadas necesitáramos más de la ayuda de nuestro compañero de trabajo para solucionar nuestros problemas, lo que podía traducirse en una relación de mayor confianza y contacto en el futuro. Lo importante es que hoy hagamos una pausa y pensemos cómo estamos aprovechando la tecnología que está a nuestra disposición. ¿Estamos ocupando las facilidades que otorga nuestra época como un elemento de calidad de vida, o como un factor más de aumento de estrés?

Quedan las preguntas planteadas, quizás sea un buen ejercicio de reflexión acordarse de algún amigo que resida en el extranjero y escribirle una carta. Recomendamos usar todos los elementos de una carta a la "antigua". Busque un papel especialmente pensando en su interlocutor, use un lápiz preferentemente a tinta, opcionalmente puede lacrar el sobre. Lo que es fundamental es que lleve en persona su carta al correo y le elija una estampilla, péguela y échela al buzón. Posteriormente evalúe todos los pasos que siguió (pensando siempre en el destinatario), y compare el nivel de profundidad del proceso con respecto a sus cotidianos correos electrónicos. Puede que se lleve una sorpresa.




Roger de Flor 2871 Of. 302 - Las Condes - Santiago - Chile
T: (56)(2) 246-0033 - Fax: (56)(2) 246- 0044
www.pro21.cl e-mail: contacto@pro21.cl